Casada durante seis años, Saki trabaja como cuidadora a domicilio junto a su esposo. Dulce y amable, trabaja incansablemente a diario para mantener a la familia. Un día, visita la casa de un nuevo paciente. La casa está ocupada únicamente por un hombre mayor, ya que su hijo vive lejos. Este hombre, un exagente inmobiliario que amasó una fortuna durante la burbuja económica, ha sido abandonado por los bancos y ahora solo tiene ahorros. Le cuenta su pasado a Saki, afirmando que si muriera, desearía dejarle sus bienes a su esposa. "Le dejaré mis bienes a mi esposa, ¿y tú?". "Seguiré haciéndote el amor hasta que muera, papá", dice la anciana cuidadora, engañada por el hombre, tentada por su cuerpo maduro.