"¡Llámala!... Si puedes", dijo Yura, la empleada, que odiaba las conversaciones desde la infancia. Incapaces de hablar, sus compañeros le delegaron sus responsabilidades... El jefe de departamento, tras haberla perseguido, la abandonó para escapar y la sometió a un flagrante acoso sexual dentro de la empresa. "Lo que no puedes decir es malo", dijo, una siniestra broma sexual. Durante las reuniones, por teléfono, en el almacén de repuestos donde estaban los compañeros... Sus lascivas garras la acosaban desde todas partes. "Que alguien... me salve..." Ni siquiera eso podía decir. Hoy, esa persona también me violó.