Hina, casada desde hace tres años, vive una vida tranquila con su esposo, un hombre amable y trabajador. Al lado vive el padre de su esposo, un hombre solitario, adicto al alcohol y al juego, que se pasa los días holgazaneando en lugar de trabajar. Cada vez que Hina ve a su suegro así, le presta dinero poco a poco. «No le prestes más dinero», dice Hina. «Nuestra economía tampoco es fácil». Un día, Hina visita sola la habitación de su suegro y, de repente, el hombre borracho la empuja al suelo…